RELACIONES TÓXICAS Y DEPENDENCIA EMOCIONAL.

23 marzo 2022

¿Te ha pasado que sientes que te has enamorado instantáneamente sin conocer realmente a una persona? 

¿Tu estado de ánimo depende enteramente de una llamada telefónica?

Si tus respuestas son positivas, debo decirte que es posible que seas una persona emocionalmente dependiente y que te encuentres en un círculo vicioso de relaciones tóxicas poco saludables.                     

El miedo y el amor son emociones que nunca deberían ir de la mano: formar parte de una relación sentimental y medir cada acto o palabra es la mayor expresión de dependencia emocional que existe. Bajo toda esta preocupación ante una ruptura inminente suele haber temor al abandono, baja autoestima. 

Estoy segura de que muchos de vosotros en alguna ocasión habéis temido no ser suficiente para el otro y ello puede ser producido en pequeñas dosis, pero no de manera habitual. Quédate conmigo y descubre pautas e información muy interesantes.

Como has visto en el título del vídeo, he decidido aunar “relaciones tóxicas” con “dependencia emocional”. Es cierto que en ciertas ocasiones se pueden vivenciar relaciones tóxicas sin tener que sentir dependencia hacia el otro, pero de forma generalizada y más en los últimos años, suelen ir unidas y esto puede ser debido a que la persona dependiente en la pareja presenta muy a menudo dudas respecto a su capacidad para ser querido o valorado; piensa que, si se esfuerza de manera constante para conseguir gustar y adopta una posición sumisa y paciente para complacer tanto a su pareja que esta no querrá irse de su lado. 

Sin embargo, este tipo de conductas van a dejar al descubierto miedo al abandono, soledad y vacío y bajo mi experiencia como psicóloga, está baja o nula autoestima suele estar muy relacionada con una sensación insuficiente de aceptación personal desde la infancia o con experiencias traumáticas que han dejado huella, ya sea con otras parejas o en vivencias familiares cercanas.

La dependencia emocional se vive con angustia y es normal que te plantees muchas preguntas. En consulta encontramos algunas como las siguientes: ¿cómo puedo dejar de desconfiar en mi pareja? ¿Debo tener paciencia si veo que somos incompatibles en algunas cosas? ¿Puede ser que una relación tóxica deje de serlo o será así para siempre? La respuesta a todas ellas irá enlazada al concepto de autoestima que tenga cada uno: aquellos que se sientan fuertes y capaces, autónomos, sabrán reconducir estas situaciones emocionales de manera efectiva. El problema surge cuando nuestro niño interior se encuentra herido y conecta con una pareja en la misma situación: aquello vivido durante nuestra infancia, la relación que tuvimos con nuestros padres (que curiosamente suele ser una de las primeras referencias de pareja) puede darnos pistas acerca de lo que tuvimos y lo que nos faltó durante esta etapa para entender las razones por las que elegimos las relaciones sentimentales que tenemos.

Siempre digo que el apego con el que crecemos, es el apego que querremos mantener en nuestras relaciones de pareja y de hecho lo haremos de manera inconsciente, favoreciendo en algunos casos la aparición y el mantenimiento de relaciones tóxicas:

  • En la vida adulta, los niños con apego seguro tienden a involucrarse en relaciones saludables. Buscan la intimidad con los demás y se sienten cómodos con cierta dependencia hacia su pareja. No están constantemente preocupados por la continuidad de la relación, pudiendo establecer relaciones estables y confiadas.
  • Los niños que crecen con apego ansioso-ambivalente, seguramente tendrán dificultades para explorar de manera segura el mundo, traduciendo posteriormente esto en la búsqueda de relaciones tóxicas o de dependencia. Aunque sus relaciones suelen ser cortas e intensas, la necesidad de aprobación y de validación constante hará más fácil que caigan en una relación abusiva.
  • Los niños que ven desatendidas sus necesidades de manera sistemática suelen presentar apego evitativo. La negligencia por parte de sus cuidadores les provoca gran sufrimiento desde edades tempranas, potenciando la autonomía y distancia emocional con los demás. Son muy independientes, ya que han aprendido que no pueden contar con los demás, pero al mismo tiempo presentan gran ansiedad y malestar. Exploran poco el medio que les rodea, y apenas reaccionan cuando el cuidador desaparece de su vista. En sus relaciones en la vida adulta, este tipo de apego se traduce en una evitación de los demás, y en el miedo a la intimidad, siendo egocéntricos, fríos y distantes e implicándose de manera superficial en la relación sentimental, descuidado las necesidades del otro.
  • Los niños con apego desorganizado a menudo experimentan explosiones emocionales: rompen juguetes, pegan a otras personas o les amenazan. Son impulsivos y la falta de desarrollo emocional hace que las situaciones a menudo les sobrepasen al no haber aprendido a gestionar sus emociones. En la vida de pareja, el apego desorganizado se suele asociar a la evitación de los demás y en el miedo a la intimidad y a la dependencia. En el fondo anhelan una relación, pero a la vez parecen rechazarla y frecuentemente se implicarán en relaciones conflictivas o tóxicas, sin salir de ellas.

Quienes habéis sufrido o actualmente sufrís dependencia emocional, seguramente os sentiréis identificados con las siguientes situaciones:

  • Constante estado de alerta: “a ver cuando me va a volver a pasar”. Se ve mucho en las parejas, hasta el punto de transformarse en una autoprofecía cumplida. ¿Esto qué quiere decir? Que al impedirnos ser nosotros mismos y no permitirnos sentirnos libres en la relación, fortalecemos la idea de que algo malo pasará, hasta el punto de buscar las señales para adaptarlas a nuestros miedos y confirmarlos. En lugar de entregarnos totalmente a la pareja y la relación de manera saludable, lo hacemos mediante el miedo.
  • Vivir en el pasado continuamente: esto implica desde relaciones anteriores en las que existía una relación emocional no sana hasta sucesos en la actual relación donde la culpa no permite avanzar. Resulta muy común que una relación comience de manera desigual en cuanto a sentimientos (siempre hay alguien que “quiere más” al otro, que se implica de manera más notoria…) y que se produzcan desplantes. Con el paso del tiempo, la persona “más enamorada” al inicio puede dejar de ser tan detallista y es entonces cuando surge la duda en el otro respecto a si “será culpa suya” este cambio de actitud. Es entonces cuando la relación puede volverse tóxica y potenciarse la dependencia emocional, entrando en un constante bucle que puede durar años o toda la vida, al quedarnos “como atascados”.
  • Palpitaciones ante el “necesito un tiempo”: en las relaciones tóxicas, se trata de una expresión muy utilizada, donde la parte dependiente no va a asumir correctamente esta necesidad de distancia. La realidad es que la reflexión puede ser constructiva, pero la insistencia no tanto. ¿En qué postura te coloca esto, si eres la parte dependiente? En la de pasarlo mal, alargando más y más esa dependencia en el tiempo, en lugar de solucionar los problemas a su tiempo, aceptando la ruptura en caso de que así tenga que ser. Romper el contacto absoluto facilita el proceso de superación, junto al trabajo del duelo con el apoyo de profesionales.
  • Mantener relaciones no correspondidas: eres capaz de estar con alguien que ya no te quiere e incluso te lo ha verbalizado claramente. En esos momentos tus reacciones pueden ser similares a los ruegos (“no, por favor, no me dejes”) e incluso podremos llegar a denigrarnos, cediendo en aspectos que no encajan con nuestros propios valores. En las relaciones dependientes resulta muy sencillo perder la dignidad propia para intentar “salvar” la relación, cuando la realidad es que esa persona ha dejado de querernos. En las relaciones tóxicas será muy sencillo encontrarnos con personas que no nos quieren pero que no nos lo van verbalizar, si no que actuarán haciéndonos daño. En esos casos las relaciones basadas en la dependencia harán caso omiso a lo que ven sus ojos para guiarse por lo escuchan sus oídos, aunque sepan que no hacen lo correcto.
  • Las relaciones a lo “Tarzán”: aprendí a utilizar esta expresión gracias a una paciente con la que trabajé dependencia emocional. Ambas vimos cómo su historial sentimental abarcaba básicamente todo el tiempo desde que empezó a tener parejas, no habían pasado más de 2 o 3 semanas desde que zanjaba una relación hasta que empezaba otra. Claramente necesitaba tener a alguien nuevo para romper con su relación anterior y esperaba que esto fuese así, aunque llevase tiempo sin ser feliz, impidiendo en ocasiones que el otro se marchase de su vida. El desgaste emocional y una relación realmente tóxica a nivel emocional le hicieron buscar ayuda, ya que sentía que “sólo atraía a locos” (aunque en realidad esa dependencia emocional sólo le permitía seleccionar relaciones que finalmente serían tóxicas).

Es más sencillo de lo que se piensa sufrir dependencia emocional y acomodarse en una relación tóxica, ya que el ser humano repite los patrones aprendidos y crea experiencias de pareja que le hacen sentir en una zona de confort segura (aunque no exista la felicidad en ella). Romper con ello genera verdadero vértigo, ya sea por el miedo a la soledad o necesidad de vinculación y en ocasiones como la del ejemplo anterior, establecer un nuevo noviazgo sin haber dejado un tiempo para elaborar el duelo por el anterior puede generar verdadero sufrimiento. Es como si la persona no soportase ese duelo, ese dolor o soledad, de manera que empieza una nueva relación ilusionándose como si la anterior relación ya no importase. Y no es que no le importe, claro que le importa, lo que ocurre es que es tal el dolor que siente que no puede enfrentarse a ello y huye, buscando una nueva relación de pareja que apacigüe su malestar.

¿Te apetece conocer algunas pautas para romper con la dependencia emocional y las relaciones tóxicas?

  • Sanar traumas: debemos ser capaces de conocer, aceptar e integrar nuestras vivencias sentimentales pasadas y actuales, para que en el futuro podamos disfrutar del amor. Durante los últimos meses me he dado cuenta de que no siempre la experiencia pasada tiene que ver con nuestras propias experiencias, pueden ser resultado de interacciones percibidas: divorcio traumático de los padres, separaciones dolorosas de amigos o familiares muy cercanos… Ver sufrir a quienes queremos también puede potenciar nuestra actitud evitativa y evitar que ”no nos pase lo mismo a nosotros”. Por suerte, contamos con técnicas tan maravillosas como EMDR y podemos descubrir los traumas más profundos para conseguir que dejen de ser disfuncionales en nuestras vidas.
  • Detectar las señales y emociones que te producen las situaciones tóxicas: será esencial para que puedas cambiarlo, para que puedas recordar que en ese momento tus pensamientos no están siendo seguramente ni sanos ni objetivos. El apoyo de tu pareja resultará esencial en esta fase, ya que poder verbalizar y que el otro te comprenda va a fortalecer mucho la unión y la idea de equipo, no de rivales. El reconocimiento o la desaprobación en esta etapa serán esenciales, debemos reconducir su significado emocional para conseguir una aceptación sana en la relación y como personas individuales.
  • Compromiso e implicación al mismo nivel: la balanza debe estar bastante equilibrada y en las relación tóxicas o dependientes esto rara vez sucederá. Muchas veces se confunde esto con “tener que aportar lo mismo para construir algo común”, pero lo verdaderamente productivo es que tu pareja y tú consigáis avanzar a la misma velocidad (estoy convencida de que muchas veces has sentido que tu pareja decía que “sí” a todo, pero al final no lo demostraba). ¿De qué sirve tener a alguien al lado que fantasee, pero no haga por lograr las metas conjuntas? Sólo para que uno “tire más del otro” y la relación se vuelva un constante tira y afloja donde la parte dependiente pide y pide obteniendo sólo desgaste.
  • Deja de “luchar” por la relación: si sientes que tienes que luchar, debes escuchar la alarma que conlleva esa palabra: en una relación no tiene sentido. Tu pareja y tú tenéis que fluir, crecer. Si uno de los dos lucha y es para resolver esas dudas del otro, quizás estás haciendo cosas que no harías en una relación que fuese sana, con el alto precio de estar olvidándote de ti. Alejarse de uno mismo conlleva acercarse más a la obsesión y si tu pareja tiene dudas sobre ti o sobre la relación, siempre será más efectivo y justo para tu estabilidad emocional que la dejes marchar, pedirle incluso que se aleje de ti si es necesario.
  • Ser fiel a ti mismo: el amor sano es sinónimo de sentirse “como en casa”, permite compartir ilusiones, miedo… Permite avanzar con seguridad y apoyo, del mismo modo que permite elegir. El amor romántico llevado al extremo tóxico sólo genera miedo y angustia y no debes permitirte sentir algo así. Ni el tiempo ni el casarse o tener hijos va a hacer que nada mejore, al contrario, continuarás siendo el mismo con las mismas fantasías y sufrimientos. Todos tenemos la capacidad de cambiar, pero para ello debemos detectar que realmente algo no funciona bien… Y para conseguirlo deberemos ser nosotros mismos, no lo que el otro espera que seamos.

Cuando una relación termina es importante que nos reservemos un tiempo para nosotros: la soledad no implica necesariamente algo negativo, sino todo lo contrario. Necesitamos un tiempo de adaptación a la nueva situación y saber cómo nos encontramos, qué huellas ha dejado esa relación, con qué me puedo quedar y qué necesito que se vaya. Os recomendamos que acudáis a nosotras para trabajar juntos todo aquello que os aleja de un estilo de relación saludable, pide cita y estaremos encantadas de avanzar a vuestro lado.

Amelia Gilva

Amelia Gilva

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