NOSOTROS… Y EL BEBÉ: EL CUIDADO HACIA LA PAREJA.

23 marzo 2022

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¡Hola a todos! En este video quiero hablaros sobre la pareja y la llegada de los hijos, ya que estoy segura de que si esa es tu situación seguramente te hayas planteado alguna de estas preguntas: ¿cómo hacemos ahora, que somos padres? ¿Es cierto que muchas parejas se separan durante el primer año de vida de sus bebés? Si notas que apenas pasas tiempo con tu pareja desde que sois padres o no sabes muy bien cómo retomar esa confianza, quédate a ver el video.                

Resulta más habitual de lo que te imaginas que la pareja se resienta tras la llegada de los hijos, especialmente del primero, del mismo modo que va a resultar inevitable “tener ojos sólo para el bebé”, al menos durante los primeros meses de vida. Me gustaría hablarte sobre dos términos que seguramente conocerás: conyugalidad y parentalidad. Mientras que el primero se centra en el ámbito de la pareja (la manera de expresar amor, reconocimiento, valoración, o las rutinas del día a día…), el segundo contempla el ámbito familiar desde las funciones parentales (la capacidad de poner límites y mostrar afecto a los hijos, protegerlos, educarlos… Vamos, todo lo relacionado con la crianza…). Sin embargo, no hay que olvidar que conyugalidad y parentalidad evolucionan conforme lo hace el ciclo vital de la familia, influyéndose mutuamente: si la relación que tu pareja y tú tenéis es mala o inexistente seguramente no podáis ejercer como padres de la manera más relajada o recomendada posible, del mismo modo que una pareja que funciona adecuadamente ayudará a restaurar los desencuentros y facilitará la armonía en casa.

El problema es que muchas veces la crianza resulta tan agotadora que se prioriza sobre la pareja (e incluso sobre el autocuidado personal). Estoy segura de que muchas veces “sobrevivir” al día a día reduce tanto tus energías que la ilusión en aprovechar esos ratitos donde el bebé descansa para estar con tu pareja se hace realmente complicado… Os daré algunas recomendaciones al final del vídeo para encontrar el equilibrio conyugal y parental que tanto necesitáis. La dinámica de pareja tras la llegada del primer hijo cambia, eso es innegable: ni tú eres el mismo ni los dos sólo una pareja, ahora también sois padres y la díada ha pasado a convertirse en una tríada. Recuerdo una paciente que conocí porque vino a buscar ayuda: su día a día tras volver su marido a trabajar era sentir que la rutina en pareja había cambiado y que las nuevas costumbres que estaban adoptando no le hacían feliz. A veces incluso discutían como manera de hacer algo juntos y se dio cuenta de que sólo era madre, ni pareja ni ella misma. Esta pareja en concreto había decidido que ella se encargaría de la crianza y su marido del trabajo.                 Hoy en día continúa en gran medida ese tipo de roles, con la diferencia de que muchos padres quieren remediar la falta de participación de sus progenitores en el pasado y desean implicarse de pleno. ¿Cuál es el problema? Que muchas veces la atención conjunta en la pareja desaparece al tener que repartirla con el bebé, surgiendo sentimientos de abandono y enfado que incluso justifican frases dolorosas como “tú me obligaste a hacerlo porque me ignorabas”. Muchas de vosotras estáis agotadas, apenas dormís, amamantando y trabajando a veces al mismo tiempo. Vuestras parejas intentan ser empáticos y dejaros vivir vuestra maternidad, se hacen a un lado y esperan que entendáis que siguen ahí, mientras toman decisiones como “salir a correr” para “no molestar”, que sólo consiguen alejar a la pareja. La nueva dinámica conyugal requiere equilibrio y la manera más efectiva de conseguirlo es saber lo que necesita cada uno de vosotros para que se restaure ese bienestar, detallar la forma en la que la pareja puede recuperar ese equilibrio tras añadir la crianza a la ecuación.

Voy a contarte algunos de los principales problemas que surgen en la pareja respecto a la gestión de los hijos: 

  • Diferentes estilos de crianza: los ejemplos que he podido vivenciar como terapeuta contemplan desde desacuerdos en cuanto al colecho o la lactancia materna hasta una mala gestión de rabietas o lloros incesables que hacen perder la paciencia a uno y no al otro… Siendo la discusión o el reproche en pareja el resultado final. En la mayoría de las familias, la manera de criar es innata e inconsciente, vemos cómo reproducimos modelos aprendidos sin conocer las razones, olvidando que al otro le sucede exactamente lo mismo. La clave será poner en común todo ello, descartando aquello que no resulte positivo para la nueva familia en la que os habéis convertido.
  • El uso poco adecuado de las palabras: no es lo mismo indicarle a tu pareja “estoy harta, muy cansada” que decirle “he tenido un día duro hoy, ¿podrías encargarte por favor del bebé para poder desconectar un momento?”. En el primer ejemplo simplemente estás expresando una queja que incluso tu pareja puede interpretar como reproche, mientras que en el segundo indicas una necesidad y le recuerdas lo valiosa que es para ti su presencia y ayuda, lo que refuerza el sentimiento de equipo.
  • Estados de ánimo descontrolado que volcamos sobre el otro: “quita, ya le cambio yo el pañal, que se lo estás poniendo fatal”, “ya te dije que mi manera de calmarlo era mejor que la tuya”, “como se nota que pasas menos tiempo con el bebé”. El cansancio, estrés, la frustración, incluso el lenguaje corporal amenazante o indiferente, impiden relajarse y quererse bien en pareja. Además, vuestros hijos merecen aprender desde el primer momento de vosotros qué es el amor en pareja y de qué manera tratar bien a las personas a las que quieres.
  • Resentimiento o injusticia cuando el tiempo de crianza no se reparte de manera proporcional: antes vuestras vidas eran diferentes, podíais disfrutar de la elección del tiempo de manera conjunta o individual. Ahora es diferente: quizás tu pareja haya vuelto a trabajar tras el permiso de paternidad, pero tú hayas tenido que optar por una reducción de jornada o incluso trabajes desde casa y te veas obligada a criar y continuar con tus obligaciones de forma indivisible. Llegan las 20h y tu pareja aparece por la puerta de casa, el bebé le regala esa bonita sonrisa y muestra alegría al verle, mientras contigo ha estado horas llorando, inmersos en una batalla sin fin que te ha dejado ko. Si esta situación no se comparte, si el otro no envuelve en mimo, el día a día puede repercutir seriamente en la pareja, ya que de manera colateral la envidia e injusticia por que el otro continúe casi con su vida normal y tú no, potencia la lejanía y la distancia.
  • Insatisfacción personal: la crianza requiere que los padres estén capacitados para satisfacer las necesidades de los pequeños y para ello van a tener que satisfacer las suyas y las de la propia pareja primero. 

Si queréis que vuestra pareja sobreviva a la crianza, no olvidéis lo siguiente:

  • Los roles se tienen que reajustar, ya que el nuevo miembro de la familia requiere atención y es aconsejable que esta sea de calidad. Antes tu pareja recibía toda tu atención o gran parte y ahora debe redireccionarse y el reparto no será equitativo durante los primeros meses e incluso años. Adaptarse a la crianza no resulta sencillo y cuando surgen problemas es muy fácil bloquearse, por lo que el otro será elemental de cara a buscar soluciones que uno mismo no pueda ver en ese momento, con calma.
  • La unión, confianza y comunicación, siempre imprescindibles: será igual de negativo que la pareja sólo se mire a sí misma como que se coloque de espaldas, metafóricamente hablando. Especialmente en padres primerizos, una de las maneras más efectivas de demostrar confianza hacia el otro es evitar la sensación de “vigilancia y control”, ya que ese tipo de “supervisiones” impuestas pueden crear inseguridad, menosprecio e incluso falta de validez o capacidad que perjudicarán también en la relación de ese progenitor con el bebé.
  • La información de calidad y la guía con profesionales de la psicología siempre es un añadido de valor incalculable: trabajar en uno mismo y en la pareja antes de la llegada de los hijos muestra aquellas áreas o costumbres que pueden producir desacuerdos futuros con la pareja e incluso la terapia puede lograr que se reconecte con todo aquello de la infancia que necesite sanar.
  • Agradecer al otro y ser cómplice en la crianza: parece que algunas parejas que se convierten en padres olvidan la importancia de frases como: “te agradezco mucho que hayas cuidado al peque”, “tranquilo, me encargo yo ahora, te noto cansado y mereces un descanso”, “lo estás haciendo genial”, a pesar de que resultan muy agradecidas y reconfortantes. Hay que intentar ser generoso con el otro, reconocer el esfuerzo y conocer el momento de “darle un relevo”. Además, rebajar la sobrecarga mental y ser más tolerantes con la pareja aumentan la crianza consciente y positiva: no importa si las cosas han salido o no tal como se planearon o si la casa está por recoger; si tu pareja se esfuerza es mejor evitar generar sentimientos como culpa o frustración.
  • ¿Qué tal ha ido tu día? Es una pregunta simple de un valor incalculable, que muchas de las parejas a las que atiendo dejan a un lado sin saber por qué. Cuando la hagas, deja el móvil a un lado y préstale toda tu atención mientras te lo cuenta: piensa que es difícil quedarse todo el día en casa con niños sin tener otro adulto cerca con el que conversar. Será un momento de acercamiento para ambos y os hará sentir que los dos estáis dentro del mismo equipo.

A las parejas y familias con las que trabajo siempre les recuerdo la importancia del trabajo propio, del origen, del gran valor que aporta realizar ese viaje a la infancia para poder sanar al observar y comprender muchos de los roles que todos vivenciamos sin darnos cuenta. Los grandes modelos de influencia suelen ser nuestros propios padres, de quienes observamos y normalizamos no sólo la manera de educar y criar, si no de cómo se desarrollan las relaciones de pareja. No elegimos a la familia en la que crecemos ni somos responsables del estilo de crianza que nos ofrecieron nuestros padres, pero si somos responsables del ahora.

No debes olvidar que muchas veces viviréis momentos puntuales de desencuentro en pareja al sentiros desbordados, al ver que no llegáis donde queréis llegar (o donde la pareja querría llegar) y que esto irá de la mano del cansancio físico casi constante y acumulado… Es lo esperable al tener en casa a una pequeña criatura totalmente dependiente que os necesita casi las 24 horas del día. Tu pareja y tú no vais a convertiros en padres preparados para cuidar la pareja de manera ipsofacta, se necesitan muchos elementos para conseguir el equilibrio. No dudéis en reservar cita con nosotras para poder valorar de manera personalizada vuestra situación y comenzar a trabajar juntos las maneras más adecuadas de resolver vuestros conflictos en pareja, un gran abrazo y enhorabuena por vuestro bebé.

Amelia Gilva

Amelia Gilva

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